Eduardo Soteras estaba trabajando en un pueblo finlandés, rodeado de cien mil borrachos que bailaban y cantaban, pero no podía dejar de pensar en que Gaza desaparecía bajo las bombas. Así que volvió a Israel, recorrió los 56 kilómetros que separan su casa de la frontera con Gaza y se quedó un mes documentando...
lunes, 3 de noviembre de 2014
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